¿Qué es eso del síndrome del niño agitado?
El síndrome del niño agitado o remecido es un grave y claramente definible forma de maltrato infantil. Se produce por una aceleración rotacional extrema de la cabeza de un niño, producida por una agitación violenta que es reconocidamente peligrosa y productora de daño en el cerebro. Habitualmente el adulto afirma al niño por los hombros o tórax y lo agita vigorosamente hacia delante y atrás, con lo que la cabeza bambolea libre del tronco, y adquiere una gran aceleración como el extremo de un látigo. Las estructuras cerebrales se desplazan dentro del cráneo, en sentidos contrapuestos, produciéndose disrupción de los tejidos más finos y delicados. Esta maniobra que en un niño mayor o adulto no causa problemas en el niño puede originar daño cerebral grave. El maltrato infantil es una causa importante de daño cerebral en los niños. Aunque el abuso físico anteriormente era un diagnóstico de exclusión, los datos actuales que tienen relación con la naturaleza y frecuencia del trauma cerebral respaldan la necesidad de presumir el abuso infantil en todo niño menor de 1 año que ha sufrido un traumatismo intracraneal. ¿Es algo frecuente?, ¿Porqué lo hacen los adultos?
El síndrome del niño agitado es una forma grave de maltrato infantil que compromete al niño menor de los 2 años pero que puede verse hasta los 5 años de vida. Ocurre con cierta frecuencia y puede ser mal diagnosticado o no diagnosticado en las formas más leves. Los cuidadores de los niños pueden alegar que no tienen conocimiento de la causa del daño cerebral. Los cuidadores que no son responsables del maltrato pueden ahora saber ahora como se produce. Los signos físicos generalmente no son reconocibles o no están. Es una forma de castigo que algunos adultos aplican a niños como una forma de disciplinarlos o en un momento de descompensación emocional. Dadas las dificultades posibles en el diagnóstico inicial que han sufrido la forma de agitación y la variabilidad del síndrome, los médicos deben ser extremadamente vigilantes cuando tienen que tratar con traumas cerebrales de niños con los hallazgos radiológicos y clínicos que sugieren el síndrome del niño agitado. Este síndrome fue descrito por el radiólogo John Caffey que lo caracterizó en lactantes. Determinó los signos que incluyen las hemorragias retinales, hemorragias subdurales y subaracnoídeas (entre el cerebro y el cráneo) sin evidencia de traumatismos externos o fracturas de cráneo. Un año antes Guthkelch había postulado que las fuerzas de agitación producían las hemorragias subdurales desgarrando las venas que van de la corteza del cerebro y las meninges o membranas que lo recubren. Con la aparición de la tomografía axial computada del cerebro (TAC) el diagnóstico se hizo mas frecuente lo que ha aumentado más aún con el invento de la resonancia nuclear magnética (RNM).
¿Cómo se puede reconocer cuando un adulto aplica este tipo de maltrato? ¿Pueden otras formas de caída o golpes producir lesiones similares?
El hecho de agitar a un niño es tan violento que cualquiera que lo observe reconocerá que es peligroso y dañino para el niño y que produce un sinnúmero de lesiones clínicas y radiológicas que no pueden ser causadas por otro tipo de trauma o enfermedad. En ciertas circunstancias, eso si, puede haber otro tipo de traumatismo acompañante a la agitación del niño. Frecuentemente son los cuidadores de los niños los que aplican esta forma de «disciplina» o castigo cuando el niño llora o hace algo que no es de su agrado. Estos cuidadores, si bien pueden no saber, las consecuencias de esta maniobra de agitación, reconocen lo desproporcionado de los movimientos en relación al tamaño del niño. Los padres que están experimentando tensiones como resultados de conflictos sociales, biológicos o económico pueden adoptar estas conductas agresivas. Aquellos con antecedentes de otras formas de violencia familiar están en riesgo de aplicar este tipo de castigo a sus hijos. Los niños pequeños están especialmente expuestos a este tipo de maltrato y son más susceptibles de presentar daños en su cerebro, dado lo delicado de sus tejidos y al gran desproporción entre su tamaño y el de su agresor.
¿Qué tan grave puede ser la aplicación de este movimiento?
Los traumas de cráneo causados por abuso o maltrato infantil aumentan cada día y frecuentemente son causas de muerte. Raramente los daños traumáticos graves que ocurren en la casa o guarderías y que originan la muerte del niño son accidentales. La causa más frecuente es el maltrato infantil originado por adultos. Por esta razón en toda muerte traumática o daño cerebral grave en un niño menor de 4 años que no ha sido causado claramente por un accidente automovilístico es sospechoso de maltrato y el síndrome del niño agitado está entre las primeras causas de este tipo de daño, como lo han demostrado Billmire y Meyers. Bruce y Zimmerman demostraron que el 80% de las muertes de niños bajo el año de edad por traumatismo cerebral, fueron originadas por traumatismo no accidental. Al revés de lo que se creía le síndrome de niño agitado, raramente se encuentra como único causante de daño en el niño afectado y habitualmente se puede demostrar signos de abuso previo: las hemorragias intracraneanas, hemorragias retinianas antiguas son comunes en estos niños evidenciando otros tipos de maltrato anteriores. En general los varones adultos son más frecuentemente causantes de estos daños, sin embargo en un caso individual, no se debe excluir a una mujer de ser la causante, basado en estos antecedentes.
¿Cómo se puede reconocer que un niño ha sufrido este tipo de agresión?
Los signos de este síndrome pueden variar desde leves y difíciles de determinar a intensos y fácilmente identificables como traumatismo cerebral. Los casos más leves pueden no ser nunca examinados por un médico como en los casos en que los niños presentan trauma ocular o cerebral leve. Una víctima de este síndrome aplicado en forma subletal puede tener una historia de mal apetito, vómitos repetidos, decaimiento y/o irritabilidad que se presenta por días o semanas. Estos signos pueden ser identificados por los padres y familiares que no tienen formación médica, pese a que no piensen de inmediato en la causa real. Sin embargo, dependiendo de la intensidad de los signos, los padres no siempre consultaran por estas molestias. Los signos pueden ser minimizados por el médico que no esté alerta al síndrome y atribuidos a enfermedades virales, disfunción intestinal o cólicos sin que se les haga exámenes radiológicos de cerebro, recuperándose con posterioridad. En algunas oportunidades otros traumas que obligan a practicar exámenes radiológicos cerebrales pueden demostrar hechos antiguos de este síndrome. En los casos graves con consecuencias neurológicas importantes, el niño presenta alteraciones de conciencia en forma inmediata y rápidamente presenta signos de disfunción del sistema nervioso. En estos casos el agresor acuesta al niño esperando que se recupere y perdiendo preciosos minutos para iniciar su tratamiento.


