Cómo juzgar la gravedad en el niño enfermo


En este período el niño no es capaz de informar de sus molestias ni de la intensidad de ellas. Los padres por otra parte, sobre todo si son primerizos no pueden determinar si los síntomas de su hijo corresponden a algo banal que pasará con medidas caseras o, por el contrario, se trata de una enfermedad potencialmente grave.

En general cuanto más pequeño el niño más vagos y poco significativos son los hallazgos de enfermedad.

Existen hechos que son evidentes a los padres y que deben conocerlos como importantes en la evolución de las enfermedades infantiles.

FIEBRE: Cualquier fiebre elevada, prolongada y que se resiste a bajar con antitérmicos habituales, debe ser signo de preocupación. No siempre será una enfermedad grave, pero su pediatra deberá estar informado. Si a ellos e agrega una gran decaimiento que incluso se mantiene cuando la fiebre disminuye, el niño deja de jugar o relacionarse con los padres y adopta una actitud pasiva, estaremos ante una posible enfermedad grave. También si no se interesa en cambiar de posicion, pararse o sentarse si ya lo estaba haciendo.

EL LLANTO es preocupante cuando además de su prolongación es, constante, no se calma con las caricias, alimentos o paseos, o cuando tiene un tono alto y aumenta con los cambios de posiciones. Si aparece un quejido constante, ya sea coincidente con la respiración u otro movimiento. Si el niño no puede despertar y conectarse lúcidamente con los padres realizando alguna actividad normal en otras circunstancias (pedir que lo levanten en brazos). Si existe dificultad para respirar reflejada en un aumento de la frecuencia respiratoria con hundimiento de las costillas en la unión del tórax y abdómen y en los espacios entre las costillas. Igualmente si le aletean las alas de la nariz en cada respiración, presenta coloración azul de la piel de la cara y boca o el color de la piel es gris terrroso.

Si aparecen manchas de color rojo-vinoso en cualquier parte del cuerpo.

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